Colares, Sintra y un trocito de costa portuguesa II

Colares, Sintra y un trocito de costa portuguesa II

Buenos días, como os prometía hace algunas semanas, aquí está la segunda parte de este peculiar viaje por la costa portuguesa. Si te perdiste la entrega anterior puedes recuperarla haciendo click en el enlace Colares, Sintra y un trocito de la costa portuguesa I.

De Colares a Cascais

Suena el “Ghetto Child” de Shemekia Copeland en el móvil advirtiendo las cinco y cuarto de la mañana. El madrugón es acorde a la cantidad de kilómetros a recorrer, así que toca levantarse sin rechistar y preparar unos bocatas. Hoy la intención es, haciendo escala en diferentes lugares, llegar hasta Cascais, uno de los municipios más ricos de todo Portugal.

Sentido suroeste y bien pegado a la costa, llego a lo que he establecido como la primera parada obligatoria. La Praia do Guincho. El viento azota sin piedad y a pesar de lo temprano que es, hay quien ya pasea su mascota o se ejercita haciendo footing en la orilla. No tardan en sumarse los surfistas de la zona, pues el principal atractivo de esta playa es su brisa constante y sus gigantescas olas. A medida que la claridad del día va cogiendo fuerza van apareciendo más y más. Yo, mientras tanto, sigo a lo mío disfrutando del espectáculo.

Praia do Guincho 50mm 45 seg f/16 ISO 100

Praia do Guincho 20mm 40 seg f/16 ISO 100 + Filtro Nd y filtro degradado

Praia do Guincho 145mm 1/200 seg f/8

Farol de Cabo Raso 18mm 1/100 seg f/9 ISO 100 + Filtro polarizador

Farol de Santa Marta 130mm 1/400 seg f/5,6 ISO 100

Carretera arriba me dirijo a Cabo Raso. Según me voy acercando comienzo a distinguir su rojo farol asomándose entre las nubes. Detengo el vehículo a la entrada del recinto e inspecciono el lugar en busca de un buen ángulo para capturar el momento. Me ayudo del filtro polarizador para resaltar el imponente cielo y aprieto el disparador. Un buen sitio para volver.

Sin dejar la N-247 lo siguiente que me encuentro es el Forte de Sâo Jorge de Oitavos. La entrada es gratuita y aunque intuyo una visita corta, no pierdo nada por echar un vistazo y contemplar sus cañones apuntando al mar.

Aprovecho Boca do Inferno, que viene justo después, para hacer un alto en el camino. Me resulta agradable saborear uno de los bocadillos mientras el mar impacta contra las rocas produciendo ese sonido tan infernal al que debe su nombre el lugar.

Una vez saciado el apetito, continuo a pie en dirección al Farol de Santa Marta. El acceso es libre entrando por el animado café y su música te traslada directamente a la terraza. Aquí, el blanco impoluto de las paredes armoniza a la perfección con el azul del cielo, del mar y de los azulejos. Hay un museo visitable que rinde culto a los instrumentos navales de la época y fuera de este, agolpados alrededor del faro, turistas y viajeros descansan hipnotizados por las vistas y la brisa marina.

El resto del tiempo lo empleo paseando por la Marina de Cascais, la Ciudadela y la Praia da Ribeira. Y antes de partir hacia Praia do Abano, dónde he fijado ver atardecer, decido acercarme a Estoril y hacer una pasada en coche por delante del Casino. Simple curiosidad.

Praia do Abano 24mm 75 seg f/6,3 ISO 100 + Filtro densidad neutra y filtro degradado neutro

En apuros, atrapado en Praia da Ursa

Para meternos de lleno en esta aventura hay que volver la vista tres días atrás. Mientras estoy en Ursa tostándome al sol esperando que este desaparezca. Es ahí cuando veo aparecer a unos chicos de detrás de las rocas y me invade, una vez más, la curiosidad. ¿Qué hay allí? ¿Cómo será aquello? ¿Qué puedo encontrarme?

Pues bien, aquí estoy de nuevo, trotando por piedras y rocas de diferentes formas y tamaños. Ojo, que las verdes resbalan un huevo. Y lo digo por experiencia propia, dos de mis filtros están destrozados a causa de una caída que acabo de sufrir, por suerte, el resto del equipo y yo estamos bien.

Entre ola que va y ola que viene, en esa tregua que a veces propone el mar, y sin mojarme demasiado, consigo cruzar a la playa vecina. Es el paisaje menos provisto de signos de humanidad que he visto hasta el momento. La arena se intuye, pero no se ve. Todo son piedras, rocas y guijarros que descansan desordenados sobre esta. Las más atrevidas, como si se tratase bañistas de aspecto irregular, se adentran en el Atlántico. Perplejo por el espectacular paisaje que tengo ante mí, me pongo a buscar puntos de interés. Encuadro, reencuadro y vuelvo a encuadrar. Me muevo, adelante, atrás, arriba, abajo. Voy probando diferentes exposiciones hasta que el sol tímidamente deja filtrar sus rayos anunciando que la función está a punto de acabar.

Praia da Ursa 18mm 20 seg f/8 ISO 100 + Filtro densidad neutra y filtro degradado neutro

Praia da Ursa 18mm 12 seg f/8 ISO 100 + Filtro Nd y degradado

Cuando termino y trato de cruzar de nuevo al otro lado, observo como las rocas, que antes sobresalían, se sumergen bajo la crecida del mar, que ahora golpea con menos pausa y mayor intensidad. Pienso en otra alternativa y creo distinguir un posible camino ladera arriba. No pinta muy bien pero no hay muchas más opciones. Mochila y trípode a la espalda comienzo el ascenso. En seguida me doy cuenta de la dificultad que conlleva. Visto desde abajo parecía otra cosa, pero la pendiente es lo suficientemente empinada para no poder ponerme totalmente de pie. Con las manos voy tanteando rocas y salientes y me aferro a las que parecen más sólidas. Pongo mucho cuidado en la colocación de los pies, un mal paso y zas, fin de la aventura.

Veo piedras rodar hacia abajo. Son momentos de apuro e intento mantener la calma y la cabeza fría. Avanzo muy despacio y descanso de vez en cuando sin soltarme de manos y pies. Sigo subiendo hasta llegar a un punto en el que creo que no puedo continuar. La pared ahora es completamente vertical. He de volver a bajar. Desciendo deslizándome entre las piedras, usando todo lo que encuentro a mi paso para ir frenando.

Consigo llegar hasta abajo y aunque es un alivio pisar tierra firme y poder ponerme completamente de pie, sigo estando atrapado. Las opciones se reducen a dos: cruzar por el mismo sitio por donde he venido o pasar allí el resto del día. Elijo la primera sin pensarlo demasiado y cuento uno, dos y tres. Todo o nada. Levanto la mochila y el trípode lo más alto que puedo y sin apenas ver donde piso, logro cruzar al otro lado.

Siempre desayuno a deshoras

A causa del inesperado episodio vivido en Ursa, hoy regreso al hotel más tarde que de costumbre. A decir verdad, nunca fui puntual en ese sentido ya que mis salidas matinales siempre coinciden con la franja en que sirven el desayuno. Pero esto nunca resultó un impedimento, todo lo contrario. Desde el primer día les expuse el motivo de mi viaje y cada vez que llego me preparan un magnífico almuerzo. Hago la espera en un amplio comedor y, antes de que aparezca la simpática señora cargada con la bandeja, ya estoy conectado con vosotros a través de la señal Wi-Fi.

Desayuno entre noticias, comentarios y conversaciones. Un café, un me gusta aquí, un me gusta allá… un par de tostadas, los audios que me graba el pirata… otro café. Y para terminar un sándwich de jamón y queso que me sabe a gloria. Ahora solo necesito una de esas duchas reponedoras y volver a la batalla.

Castelo Dos Mouros 20mm 1/125 seg f/5,6

Palacio Da Pena desde Cruz Alta 135mm 1/200 seg f/5,6 ISO 100

Cruz Alta 24mm 1/6400 seg f/4 ISO 100

Castelo Dos Mouros son los restos de una fortaleza esculpida sobre la misma roca, entre la frondosa vegetación de una de las colinas de Sintra. En su época fue un castillo, actualmente sólo queda la robusta muralla que lo rodea y un sin fin de peldaños que te conducen a sus cinco torres. Estas sirven de improvisados miradores desde donde se obtienen bonitas vistas de la ciudad.

Dejando atrás Dos Mouros y parte del desayuno entre escalón y escalón, me encamino al monte Da Pena, donde se ubica el Palacio del mismo nombre. La carretera serpentea entre curvas muy cerradas cortando en dos la espesa y apretada vegetación. El Palacio resulta difícil describirlo con palabras. En su conjunto es una maravilla que parece sacada de un cuento de hadas. Según he leído es uno de los mejores ejemplos del romántico portugués del siglo XIX y fue la residencia de verano de la realeza Lusa. En el interior se conservan las estancias reales tal y como fueron en su tiempo. Para verlo sin perder detalle hay que invertir un gran puñado de horas, pero realmente merece la Pena.

Comienzan las despedidas

Para el penúltimo y séptimo día escojo volver a Praia da Adraga. Parece ideal dado que no está demasiado lejos, ofrece infinidad de opciones compositivas y casi puedo llegar con los ojos cerrados. Cosa, por otro lado, muy normal a esas horas de la mañana.

Una vez allí mis pies toman la iniciativa y se dirigen hacia cuatro rocas que despuntan a lo lejos. Firmes y bien agrupadas resisten las embestidas propinadas por el mar. Es un espectáculo digno de ver y recordar. Enérgico y relajante a la vez. Un regalo de la naturaleza para el último amanecer.

Amanecer en Praia da Adraga 18mm 120 seg f/8 ISO 100 + Filtro densidad neutra y filtro degradado neutro

Con los deberes hechos lo siguiente que me espera es visitar la Quinta da Regaleira en Sintra, no sin antes toparme con mi viejo y metálico amigo, con quien de buena gana hubiera ido a dar una vuelta. ¡Para la próxima no hay excusas!

Belleza y misterio probablemente sean las palabras más apropiadas para definir la Quinta. En su interior, ubicado entre suntuosos jardines, está el Palácio do Monteiro dos Milhôes, el cual se puede ver al completo, azotea y torres incluidas. Pero hay mucho más. Escaleras en espiral, estatuas de animales mitológicos, cruces Templarias, pozos destinados a la Masonería, lagos, fuentes, edificios enigmáticos, grutas y un laberinto de caminos conectados por una galería subterránea, donde se respira humedad y a duras penas se filtra la luz del día.

Eléctrico de Sintra 18mm 1/320 seg f/5 ISO 100 + Filtro degradado neutro

Pozo iniciático de la Quinta da Regaleira 18mm 1/25 seg f/3,5 ISO 200

Visto esto y aquello solo queda pendiente lo último que llevo anotado en la libreta, despedir el día y despedirme del lugar en Cabo Raso disfrutando de un impresionante atardecer.

Atardecer en Cabo Raso 18mm 50 seg f/13 ISO 100 + Filtro densidad neutra y filtro degradado neutro

Y esto ha sido todo amigos. Si queréis compartir alguna de vuestras experiencias viajeras, serán bienvenidas en los comentarios. ¡Muchas gracias y hasta la próxima!

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Colares, Sintra y un trocito de costa portuguesa I

Colares, Sintra y un trocito de costa portuguesa I

Llueve ligeramente en Madrid mientras me dirijo al aeropuerto. Apenas lo noto a causa del sueño. Son las cuatro de la madrugada y se acerca la hora de embarcar. En el avión apagan las luces y el sueño vuelve a apoderarse de mí. Una cabezadita después estoy aterrizando en Lisboa, también llueve.

Recojo un Fiat 500 azul oscuro, un mapa de carreteras y pongo rumbo en dirección Sintra centro / Colares. Aquí realmente empieza el viaje. Enciendo la radio y busco una emisora para aclimatarme a la vida portuguesa. Ahora soy uno más circulando por sus carreteras.

Niebla, Colares y romper vidrio.

Sintra, a modo de bienvenida, me recibe bajo una intensa niebla. Entre el paisaje blanquecino atravieso Galamares, Vinagre y S. Sebatiâo, y por fin, entro en Colares, donde tengo reservada una habitación. El hotel se encuentra más adelante y todavía faltan algunas horas para poder hospedarme, así que para hacer tiempo decido acercarme a la costa. La suave luz producida por la niebla me acompaña durante el camino. Recorro desde Praia das Maças hasta Azenhas Do Mar parando de vez en cuando para tomar alguna foto.

A la vuelta hago el sentido a la inversa y detengo el coche en Praia Grande. Me gusta el sitio y es un buen lugar para echar la mañana. Tras una breve exploración por la playa regreso al coche a por el trípode. Me instalo en la orilla y permanezco en ella hasta que se agota la batería de la cámara. Y otra vez toca volver al coche, esta vez para dejarme las llaves en el interior del maletero.

La playa está bastante desierta y no sé qué hacer. Intercambio llamadas telefónicas con la empresa de alquiler de vehículos y con Madrid. Al rato, aparece un agente de la Guarda Nacional Republicana e intenta ayudarme a abrir el coche sin dañarlo, pero no hay manera. Toca «romper vidrio» y decir adiós al Fiat 500.

Azenhas Do Mar

Cambio de coche y de emisora y planeo el atardecer en Azenhas Do Mar. Un pequeño pueblo con mucho encanto. Hay quien lo compara con Cuenca por sus casas colgantes, aunque aquí, se asoman directamente al Atlántico.

Azhenas do Mar vista desde el mirador (Sintra – Portugal) 20mm 20 seg f/16 ISO 100 + Filtro de densidad neutra y filtro degradado neutro

Desde el Miradouro das Azenhas do Mar probablemente se obtienen las mejores vistas. Así que lo comparto junto a los pescadores locales y todos a pescar. Una vez tengo la toma desciendo por una escalinata que me sitúa al mismo nivel del mar y allí paso los últimos momentos del día. Ha sido intenso, es hora de recoger y regresar al hotel. Boas noites.

Praia da Adraga, Sintra y las primeras zapatillas mojadas

Es domingo y la idea es ver amanecer en Praia Da Adraga y, aunque salgo muy temprano, voy un pelín pillado de tiempo. El sol compite conmigo y me saca una ligera ventaja. Piso el acelerador y cruzo Almoçageme, una localidad de casas blancas en cuesta que conecta con la Rua Da Praia Da Adraga. Sigo el cauce de la carretera hasta llegar a la playa. Había leído que era difícil acceder a ella, pero ha sido coser y cantar, hacer buenas fotos es otra película.

Praia Da Adraga 18mm 10 seg f/22 ISO 100 + Nd y degradado

Praia Da Adraga 24mm 135 seg f/22 ISO 100 + Filtro Nd y degradado

Cuando camino por la arena cruzo saludos con los pescadores que terminan su jornada. Unos llegan y otros se van, pero el mar siempre está ahí. Bajo un cielo nublado que me permite prolongar la estancia. Disfruto en la playa. Las horas pasan sin apenas darme cuenta. Tengo los pies mojados y el apetito empieza a reclamar mi atención. Lo retraso hasta regresar al hotel. Ducha, ropa seca y un buen desayuno me esperan.

Centro histórico de Sintra

El trayecto me es familiar. Es la tercera vez en dos días y el pintoresco paisaje se deja recordar con facilidad. Inesperado es el rojo invitado que circula junto a mí, el Eléctrico de Sintra. Un tranvía que, atravesando la Freguesía de Colares, une la ciudad con la costa. Sus railes marchan totalmente paralelos al dibujo de la carretera formando una especie de tercer carril. Mejor un hasta luego que un adiós, ya nos veremos más adelante amigo mío.

Casas típicas alrededor de la estación ferroviaria 50mm 1/250 seg f/5 ISO 100

Câmara Municipal de Sintra 18mm 1/800 seg f/6,3 ISO 100

Entro en Sintra con el propósito de recorrerla a pie, caminar por sus estrechas y empinadas callejuelas y pararme en detalles que de otro modo podrían pasar inadvertidos. Dejo el coche cerca de la estación de tren y de ahí voy a la Câmara Municipal. Las calles son viejas, pero tienen un encanto especial, adornadas por infinidad de azulejos, la mayoría blancos y azules, rotos y no rotos.

Escultura al aire libre 50mm 1/200 seg f/6,3

Founte Mourisca 40mm 1/80 seg f/4,5 ISO 100

Escultura al aire libre 32mm 1/125 seg f/6,3

Para llegar al centro histórico sigo un cartel que indica el camino. El paseo resulta agradable porque mientras subes vas contemplando una exposición de arte al aire libre y los típicos puestecillos de artesanía. Pronto ves la impresionante Founte Morisca, que llama mucho la atención por encontrase ubicada en medio de la calle. Parada y a esperar turno para tomar la foto sin gente.

Más arriba empieza a notarse el ajetreado ir y venir de turistas, es festivo y Sintra está a rebosar. Me quedo un rato por allí observando tranquilo la plaza y el Palacio Nacional y planeo una nueva visita para otro día. Como toma de contacto me llevo un excelente sabor de boca, pero ahora tengo una cita con el atardecer en Praia Da Adraga que no me quiero perder. Antes de irme definitivamente doy una vuelta por el Parque Das Merendas. De vuelta, descubro una cosa nueva, ¡ya sé dónde duerme el Eléctrico!

Jugando con largas exposiciones y el movimiento de los guijarros en la orilla de Praia Da Adraga al atardecer 200mm 107 seg f/5,6 ISO 100

Cabo Da Roca, Ursa y segundo tropiezo

Tanta fama tenía el punto más occidental de Europa que había que visitarlo. Una vez allí me daba cuenta que estaba desperdiciando la agradable claridad que brinda el amanecer. El Cabo Da Roca es, más que nada, un gran mirador, con un gran crucero y un faro del mismo nombre. Lo más interesante son las vistas sobre los acantilados, pero si quieres verlos más de cerca tienes que ir en su busca. Así que registrada la visita ya estoy a bordo del Lancia Ypsilon camino de Ursa, una pequeña playa escondida entre el escarpado.

El desvío, semi oculto, es fácil pasárselo. Cuando lo tomas lo mejor es dejar el coche junto a la senda y seguir a pie. El terreno es abrupto y accidentado y no favorece el acceso a la playa. Media hora después de iniciar el descenso piso la orilla. El sitio es alucinante, y al contrario que en las otras playas, aquí estoy totalmente sólo. Despliego el trípode ilusionado y me doy cuenta que, más pendiente de no perder las llaves por segunda vez, he olvidado en el coche la pieza que lo fija a la cámara y es una locura regresar a por ella. No me queda más remedio que renunciar a las largas exposiciones. El mar golpea con fuerza y aunque voy descalzo termino de agua hasta la cintura.

Un solitario caminante atraviesa la desierta Praia Da Ursa 18mm 1/320 seg f/5,6 ISO 100

Praia Da Ursa 18mm 1/320 seg f/8 ISO 100

Como recompensa al esfuerzo del día de hoy, retorno al hotel para procurarme una merecida siesta. Al fin y al cabo, estoy de vacaciones. Para la tarde tengo programado inspeccionar a fondo la localidad de Azenhas Do Mar.

Praia Grande, el retorno

La bruma se ha despertado antes que yo o quizá no haya pegado ojo en toda la noche. Se muestra intensa a través de la ventana. Envuelve Colares y sus alrededores como si fuera un regalo. Trato de salir del hotel, pero la puerta está cerrada. No hay rastro del recepcionista por ninguna parte, quizá, la niebla también le oculte. Paseo la mirada por la clásica campañilla que descansa sobre el mostrador, esa que tantas veces hemos tocado o querido tocar, esa que perdura en el tiempo, que no envejece y que forma parte de todo hotel que se precie. La pulso tímidamente la primera vez y a la segunda aparece un hombre somnoliento portando un puñado de llaves, es demasiado temprano. ¡Bom dia!

El pequeño Lancia aguarda bajo el frescor de la mañana. La carretera está empañada y las farolas se difuminan en línea recta a nuestro paso. Cuando bajo del coche se apaga la última. Hemos llegado. Estoy en primera línea, con el trípode bien clavado en la arena. Entre exposición y exposición observo el movimiento de las olas y me muevo con ellas cuando intentan acercarse a mí. Hoy no me mojaré los pies, hoy no.

Praia Grande 32mm 13 seg f/29 ISO 100 + Filtro Nd y degradado

Praia Grande 35mm 66 seg f/29 ISO 100 + Filtro Nd y degradado

Por la tarde me desplazo hasta Magoito. Una playa situada en la desembocadura de la Ribeira da Mata. En el trayecto destacan pequeñas localidades como Fontadelas. No permanezco allí demasiado tiempo, lo justo para estudiar la localización y decidir que prefiero inmortalizar el atardecer en otro lugar. Otra vez hacia Praia Grande. Día terminado y tarjeta llena.

Atardecer en Praia Grande 18mm 80 seg f/11 ISO 100 + Filtro Nd y degradado

Y hasta aquí la primera parte del viaje. ¿Quieres saber cómo continúa? Estate atento a la próxima publicación.

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